miércoles, 26 de noviembre de 2008

Lo que me hizo sonreir a las siete y media


Hoy en la parada del autobús, cuando estaba esperando para ir a trabajar, me fijé que había un señor esperando con un palo largo. Me llamó la atención, e incluso pensé "como se arreglará en el autobús para llevarlo". Al ratito llegaron más señores con palos y bastones y me di cuenta que se iban de excursión a hacer alguna senda. De repente llegó un señor con un bastón y un paraguas y se puso a hablar con el resto de compañeros de su paraguas y de que se lo iba a dejar olvidado en el asiento de la marquesina.

El señor en cuestión era un señor con muchisima vitalidad, que en un momento lleno aquella parada vacía, con un entusiasmo envidiable. Le preguntó a un compañero que porqué estaba así, y le contestó que había pasado por una gripe, entonces empezó a decir que "él a sus cincuenta y siete al revés, nunca había pasado por una gripe, y que en cuarenta y tanto años no había faltado un solo día a trabajar".

El ver a aquel "anciano" con esas ganas de vivir y de hacer, me hizo sonreír y cuando se subieron al autobús después de dejar sus "palos" y mochilas en el maletero, me hizo pensar lo felices que podían llegar a ser de excursión un día tan malo, propenso a lluvias y vientos, pero con un optimismo verdaderamente asombroso.

Ojala todos los mayores que yo tengo alrededor hubieran visto a aquel hombre y se hubieran contagiado como yo me contagié de su vitalidad.

Olé por las personas optimistas y llenas de vida porque nos regalan un trocito de su alegría.

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