lunes, 29 de septiembre de 2008

Gonzalo Solís Sánchez


Cuando nació Claudia, enseguida me dí cuenta que tenía una tragona en casa. Se agarró fuertemente a mi pecho, buscando alimento y cuando lo encontró nunca más lo dejó.
En el hospital nos daban leche para complementar la leche materna, pero ella siempre se negó a tomarla, le gustaba más el calor de la leche de su mamá.
Cuando nos fuimos para casa, Claudia empezó a rechazar el pecho de una manera que no era normal. Aunque tenía hambre, solo el hecho de acercarla a mí y ponerla en postura de comer la ponía malísima, se estiraba y arqueaba su cuerpecito negando se a comer...
Lógicamente yo empecé a preocuparme. La llevé a su pediatra y no le dio importancia, ya que la peque en ningún momento desmejoró su aspecto, pero yo insistía en cada visita.
Al ver que por este lado no me prestaban atención, busqué otra vía y nos fuimos al Centro Médico a ver si nos daban solución. Aquel día me dí cuenta de los pocos profesionales que tenemos en el campo de la medicina. Nos atendió un energúmeno que mejor estaba haciendo calceta que atendiendo a niños.
Yo aunque estaba preocupada, veía a la peque bien, ya que lo que no comía por el día lo comía por la noche.
Un día, la enfermera de pediatría notó que su peso no aumentaba lo suficiente, y al llamar a la médica para comentarlo diagnosticaron que podía tener esofagitis.
Con este diagnostico nos enviaron a Cabueñes donde conocimos al Doctor Solís.
Llegamos a la consulta y vimos a un hombre con cara de buena persona, que se presentó, cosa que no es habitual en este hospital (nunca sabes que médico te atendió) , nos invitó a sentarnos y a contarle tranquilamente lo que le pasaba a la niña.
El iba tomando nota de todo lo que le decíamos, y a continuación miró a Claudia.
Nosotros estábamos alucinados, nos escuchaba, y además muy atentamente. Después nos explicó en que consistía una esofagitis y nos hizo varias propuestas para aliviar el malestar de la peque, emplazándonos para ver los resultados en otra visita.
Nosotros salimos encantados, ¿quién sería aquella bellisima persona?, el Doctor Solis, un profesional como la copa de un pino, entusiasmado con su trabajo. Yo creo que hasta me emocioné al salir de la consulta.
¡Será una especie única dentro de la medicina! Un médico que escuchaba y sentía la enfermedad de mi niña. Yo creo que aunque se hubiera equivocado en el diagnostico no me hubiera importado, ya que se veía una persona implicada en todo momento.
¡Que maravilla de hombre! Da gusto asistir a una consulta suya. Me imagino que tendrá casos gravisimos, pero en ningún momento nos hizo sentir mal, aunque nuestro caso era muy leve.
Olé, por este médico y ojalá que cunda el ejemplo entre los de su profesión.
La semana pasada nos dio el alta médica a Claudia, ofreciéndose por si lo necesitabamos en alguna otra ocasión.
Ojala, nunca tengamos que usar su ofrecimiento, aunque en caso de necesitarlo nunca dudaría en volver a visitar su consulta.

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